Pero eso no es malo, gracias a eso poseemos un espíritu de superación que no posee ningún otro ser vivo. No nos conformamos con lo que la vida nos da y somos perfeccionistas a la hora de vivir. Siempre queremos una casa más grande, un coche más potente, un trabajo mejor, una pareja que nos quiera… De ahí viene el dicho de “cuanto más azúcar más dulce”, pero ojo que también está el de “más vale pájaro en mano que ciento volando” Todos los extremos son malos, hay que buscar la equidad, el ying y el yang, el orden perfecto en la vida para poder ser feliz sin sufrir por el camino.
Vivimos en un mundo capitalista donde es más importante el que más tiene, pero afortunadamente no todo en esta vida es material, también tenemos y necesitamos cosas que no se ven, que no se pueden tocar, pero que son esenciales para vivir.
Con todo esto puedo decir que desde hace un tiempo hasta ahora todo me ha ido genial (ya era hora) tengo mi casa propia y no quiero cambiarla, tengo mi trabajo fijo con el que disfruto y que me ha costado lo suyo conseguirlo y tengo mi coche nuevo que se me cae la baba por él. No tengo pareja pero sí que tengo gente a mi alrededor que me quiere y a la que quiero ¿Me falta algo? Si, siempre me faltarán cosas como un viaje a Japón, un gato o un mono titi de mascota, trabajar cerca de casa, seguir formándome profesionalmente, escribir un libro, conducir un superdeportivo, casarme, formar una familia, envejecer junto a mis seres queridos…
Y deseo que siempre me falte algo por lo que esperar, algo por lo que vivir, porque al fin y al cabo es bueno soñar despierto.



Estoy de acuerdo, pero a veces la espera cuando te falta algo, se hace demasiado larga y no es tan bonito.
ResponderSuprimirSaludos